Crónica: La casa de la metamorfosis

¡Hola a todos! Aquí les dejo una crónica que hice durante un viaje que hice con el grupo de teatro de la universidad a la ciudad de Granada. Espero les guste =D


La Gran Sultana da la bienvenida con un sol que detrás del imponente Mombacho lentamente se va escondiendo, creando resplandores amarillos, rosados. El cielo florece cuando del bus de la Universidad Centroamericana salen los estudiantes pertenecientes al grupo de teatro que ese día se estarían presentando. La catedral les saluda, el viento logra hacer que la azulada bandera nicaragüense se agite de lado a lado, abriéndoles el paso a lo que sería una noche en la que el arte extendería su amplio manto para llenar de una magia inigualable a los protagonistas de la obra que llevaba por nombre De como moría y resucitaba Lázaro, el lazarillo, escrita por Arístides Vargas.

Salieron saltando del autobús, enseguida sus ojos vieron las antiguas e imponente edificaciones de la ciudad colonial en la que se encontraban. Reían entre ellos, se movían de un lado a otro, cada segundo que pasaba los hacía más cómodos en este ambiente en particular. Su energía juvenil los tomó por sorpresa pero sin rechazo alguno, dejaron que se apoderara de ellos.

– Tomame unas fotos aquí – gritó uno de ellos mientras halaba de un brazo a una de sus compañeras que al estar desprevenida dejó salir de su boca un pequeño grito aunque tan solo momentos después rió y se acomodó al lado de su compañero para tomarse otra foto.

– ¡Yo quiero también!- Dijo otro.

4 ¡Idiay! ¡Yo también quiero! ¡Tomanos una foto a todos! – Exclamó una de las jóvenes que corriendo se acercó a los tres anteriores y al encontrarse al lado de su compañera, sonrió ampliamente y coloco su mano en su cintura, posando para la foto.

– Mejor tomanos una foto a todos – Y de esa forma, los diez integrantes del grupo de teatro se reunieron justo en la plaza frente a la Casa de los tres mundos, donde estarían presentando su obra, y dejaron ir en la foto toda la energía que en ese momento sentían, y la ansiedad de no poder esperar más para dar vida a los personajes de la obra teatral.

En cuestión de instantes, todos se esparcieron, quedó el fantasma de la presencia de los artistas frente a la catedral, frente al volcán que mantenía solemne su guardia sobre ellos. Todos entraron rápidamente al local puesto que la directora del TEUCA, mejor conocido como el Teatro Experimental UCA, los había llamado a hacer un último ensayo antes de la puesta en escena ya que era la primera vez que ensayaban en el local. Corrían, empujándose unos a otros. Algunos sacaron de sus bolsos los celulares y con el fondo musical de violines y guitarras, pianos y marimbas, lentamente caminaban hacia el lugar donde dejarían atrás quienes son para contar una historia.

7Estaba vacío y en el centro, coloreando la cerámica blanca del piso con un tinte azul, se reflejaban las luces que cambiaban de amarillo a zul, de azul a anaranjado, a blanco, y regresaban a su punto de partida con un abrupto cambio al amarillo que había iniciado el ciclo. Todo estaba listo. Las sillas, colocadas en semicírculo, compartían con una exquisita obra pictórica que yacía colgando de la pared frente al escenario el tranquilo ambiente en el que los actores se movían y conversaban.

– A ver, a ver, arréglense aquí. No perdamos tiempo – dirige la señora Alicia Pilarte, quien en esta ocasión se desempeña como la directora de estos jóvenes artistas. Rápidamente, con sus altos tacones se mueve hacia el centro del escenario e intenta que los diez adolescentes le presten atención pero esta resulta ser una tarea más complicada de lo que ella imaginaba.

Clap, clap, clap… Resuenan sus aplausos una y otra vez, causando que el sonido rebote en la superficie de las paredes, haciendo que de un momento a otro esto sea lo único que se escuche. Con su guía, los estudiantes se mueven de un lugar a otro. El protagonista de la obra ensaya sus líneas con cada uno de los actores secundarios. Bailan, cantan, y de vez en cuando hacen que la directora exhale y mueva la cabeza de lado a lado mientras frunce el ceño, una vez más acercándose a ellos para indicarles que a lo largo del escenario, cada uno tiene una posición a la que deben llegar cuando se acerque el desenlace. Sin embargo, no se atreven a ensayarlo puesto que ninguno desea arruinar la sorpresa que se espera cuando las luces se apaguen por una última vez.

Las luces se encienden y se apagan, cambian de color, la música comienza y termina. Los actores están exhaustos aún sin haber empezado la obra. Han ensayado todo, de acostarse en el piso resultan con dolores, con su ropa llena de suciedad y su cabello desarreglado. Sin embargo, nada de esto afecta su espíritu y por un momento logran relajarse tras bambalinas.

Se sientan en taburetes de madera que rodean a una gran mesa que tiene de fieles compañeros a una grandiosa variedad de libros de historia de Nicaragua y de geografía mundial que comparten lugar con grandes obras literarias del príncipe de las letras castellanas, Rubén Darío, quien a su vez pasa tardes de conversaciones silenciosas con los filósofos antiguos como Platón y Sócrates. Esta colección de grandes obras rodean a los artistas mientras preparan su vestuario y algunos sacan la comida, puesto que desde hacía ya un rato deseaban con ansias poder al menos mordisquear algo. Resulta, pues, que tienen a su disposición emparedados y te.

9
Suena la campana de la iglesia. Cling… Clang… Cling, suena la campana. Cling… Clang… Cling… Clang. Son las seis de la tarde. Entre las olas del sonido entran también suaves coros de melodiosas marimbas, al ritmo de las cuales unas niñas danzan en la plaza dentro del lugar donde se encontraban los artistas. Bailan con el sonido de la música nicaragüense y el anunciar de la hora. Para los miembros del TEUCA tan solo significa que es hora de preparar todo puesto que en una hora y media la función empezaría.
De pronto, todo es un caos.

– ¿Y el maquillaje? ¿Ya se están maquillando las putas?- Se preguntan, causando que haya una erupción de carcajadas alrededor de la habitación puesto que esto ha sido una broma recurrente entre los protagonistas.

Y es que ellas, a final de cuentas, resultan con un maquillaje exótico, lleno de colores, labios rojos, pestañas largas y curvas que intensifican sus miradas sensuales. Usan pelucas de colores brillantes y vestuarios reveladores que hace que todas las miradas, víctimas de un magnetismo incomparable, volteen a verlas.

¿Y la muerte? La muerte se está maquillando. Rodean sus ojos oscuros círculos y sus labios, negros, agrietados, añaden al cansancio que se demuestra en el rostro de la espectral aparición, un rostro que la actriz conoce muy bien puesto que no es la primera vez que la interpreta. Y, es por esto, que en los fantasmagóricos ojos de la muerte se ve inyectado un toque juguetón que contagia su sonrisa. Tan solo unos momentos más tarde, está vestida con un largo traje de novia y un velo que cubre su cara

Camina silenciosa por los pasillos, su rostro cubierto, el ramo oscuro y marchito en sus manos. Camina solemne con un sequito que arrastra la larga cola del vestido blanco hasta llegar a la compañía de algunos de los otros personajes. Es ahí, donde se quita el velo, donde revela el maquillaje que parece disonante con la gran sonrisa que la actriz tiene en sus labios. Posa para una foto. Para otra. Las putas la acompañan, riéndose de su título y disfrutando de sus colores, de la poca ropa que en ese momento usan. Por supuesto, ver a uno de ellos tomándose una foto significa que pronto los otros nueve estarán presentes y efectivamente, pronto todos se agrupan contra una pared blanca de uno de los pasillos y posan para una foto.

-¡En el personaje!- se gritan unos a los otros.

-¡Normales ahora, normales!- Dicen de nuevo.

3Fue así como pasaron la hora hasta que las seis de la tarde dio paso a que los minutos pasaran, el reloj inclemente sonando como un tren que arriba a la estación permitió que en fin la aguja, quieta y silenciosa, se posara en el número siete.

Ya era hora. Las personas empezaban a llegar y desde la puerta al escenario, los actores se hacinaban contra ella para echar un vistazo a todos aquellos que estaban llegando, riendo nerviosos y emocionados al ver el espacio llenarse lentamente. Desafortunadamente, el momento de disfrute no duro mucho puesto que la profesora Pilarte los reunió para darles una noticia.

– Tenemos que salir por atrás. – Anunció ella. – Para que no los vean. Ya está oscuro así que tengan cuidado. Vos ponete los zapatos que te podés lastimar – le indica al protagonista, a quien en seguida le recuerda que no debe salir con los demás pues él ha de abrir la obra entrando por la puerta principal.

Los demás, sin embargo, desaparecieron en la oscuridad, caminando silenciosos como la muerte que tan solo unas pocas horas atrás de esa misma forma había recorrido los pasillos de la casa de los tres mundos. Tomados de las manos, sosteniendo los utensilios que usarían, salieron lejos de la vista del público general. Mientras tanto, el protagonista principal, con su pálido maquillaje listo y la caja de cartón esperándolo en el escenario que rugía con el susurro de la gente, se preparaba detrás de la puerta. Ya no era el estudiante de la Universidad Centroamericana, era Lázaro, el lazarillo que en tan solo unos momentos entraría a contar su historia.

– Por Junieth Dinarte

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